Tipos de botellas de vino

Tal como suele pasar con las colonias y perfumes, el mundo de las botellas para vino se ha liberado de sus habituales anclajes, dando paso a creaciones cuyo valor equipara contenido y continente. Si hace algunos años observábamos una estandarización de los formatos, de un tiempo a esta es todo lo contrario. Cada vez resulta más complicado encontrar distintos vinos que compartan envase.

Todas las personas que llegan al mundo del vino en este punto descubren, no solo aromas, sabores y colores, sino formas sinuosas que les atraen hacia una u otra elección. Todos ellos elaborados concienzudamente desde el interior hasta su exterior más innovador. Un auténtico placer para los sentidos que vamos a repasar hoy contigo.

Veamos en profundidad esas nuevas formas y colores

Como sabrás, el envase del vino también juega un papel clave dentro del proceso de producción. Seguro que alguna vez has leído en más de una etiqueta que se especifica un periodo de maduración en barrica y otro en botella. Incluso en alguna ocasión puede que hayas escuchado a algún erudito aquello de “a este vino le falta botella”. Eso ocurre porque la crianza dentro de ésta resulta crítica en el proceso de elaboración del vino, y para ella, el corcho resulta fundamental. El cierre de corcho tiene miles de años de historia. Es más, los egipcios y los romanos lo utilizaban, pero fundamentalmente para tapar las ánforas donde elaboraban los vinos. Fue Dom Perignon, quién recupero su uso varios siglos después para tapar aquellas primeras botellas que dieron lugar al Champagne, sustituyendo al antiguo tapón de madera. Quién le iba a decir al monje benedictino en aquel momento que estaba cambiando la historia del vino para siempre.

A través del corcho entra en la botella una cantidad mínima de oxígeno que permite al vino expresarse en su totalidad, sacando a relucir todas sus virtudes. O lo que es lo mismo, mostrando nuevos matices de colores, aromas y sabores, convirtiéndose paulatinamente en lo que se llama un vino “redondo”, listo para deleitarte. Digamos que la estancia en botella permite salga a relucir todo lo bueno que le aportan al vino la uva y la barrica.

Así pues, como puedes ver, el envase es crítico a la hora obtener el resultado deseado en un vino, y, sin embargo, casi nunca se le ha dado ese protagonismo que se merece. Cada botella, no sólo lleva dentro vino, sino que conviven con él muchas horas de esfuerzo y pasión, tanto de los enólogos como de los equipos de marketing de las bodegas, un sueño en definitiva, minuciosamente diseñado y cuidado para que puedas disfrutar en plenitud.

En este post hablaremos de los formatos y de sus historias, así como también de los tamaños, que, en este caso, como luego te contaremos, sí que importan.

Botella Bordelesa

Suele ser la más habitual, aunque hoy en día ya contamos con diferentes modelos, como Bordelesa estándar o ligera, reserva, élite, cilíndrica alta y con cierre Stelvin, para las que sustituyen el corcho por los tapones metálicos de rosca. Son cilíndricas, más o menos alargadas, con ángulos muy acentuados en la parte de los hombros y cuyo cuello es más corto que en otros modelos.

Es originaria de la región de Burdeos, de ahí su nombre y suele contener vinos tintos. Al principio estaba destinada a aportar el toque final a los caldos procedentes de uvas Cabernet Sauvignon, Merlot o Cabernet Franc, pero ahora mismo es fácil encontrarla con otras variedades, siendo muy típica, por ejemplo, en los tempranillos españoles.

Su color habitual es el verde, un tono oscuro que favorece la protección del vino durante su reposo. Además, son las más fáciles de guardar en casa y vinotecas.

Botella Rhin

También conocida como renana o alsaciana, recibe su nombre por su origen alemán (cerca del río). Es mucho más esbelta que la anterior. Alta y alargada, que dibuja apenas una suave curva en sus hombros.

En este caso, es más habitual que se use para vinos blancos o rosados, en tonos verde para el primer caso y transparente para este último. Sin embargo, se fabrica en otros tonos más atrevidos como azules o caramelo.

Botella Borgoña

Un diseño francés que también mantiene una ligera curva en los hombros, pero estéticamente más ancha que las tipo Rhin y más corta que las Bordelesas. Para muchos, esta es la botella más antigua que se conoce para el vino y suele guardar tintos de crianza.

Se fabrica en tonos verdosos o pardos y también las hay de varios tipos. Los más habituales son Borgoña cóncava y Borgoña convexa. Algunos modelos recuerdan a los usados para cavas y espumosos. Hoy en día algunos la usan para otorgar cierta diferenciación a sus vinos y por eso también es fácil verla en vidrio transparente.

En España encontrarás que este tipo de botellas era fundamentalmente utilizado para garnachas, así como para algunas zonas del noroeste (Galicia, Bierzo), si bien es cierto que a día de hoy su uso se está extendiendo por otras muchas regiones.

Botella Jerezana

Este modelo podría confundirse por su parecido con la Bordelesa, salvando ciertas diferencias. Se trata de un diseño español, de hombros más marcados y cuyo cuello no es cilíndrico, sino que se ensancha en la base. Normalmente, es una botella opaca y su color más característico es el negro o casi negro. La encontrarás conteniendo vinos finos, de Jerez y manzanillas. ¡Inconfundible!

Botella de cava o champagne

Se parece a la botella Borgoña, pero en este caso se fabrica con vidrio más grueso, como seguro has podido observar en alguna ocasión. Esto se hace porque los espumosos ofrecen más resistencia y generan más presión, con lo que es preciso un envase más resistente. También de hombros caídos y tonos verdes, aunque no es difícil encontrarlas en otros colores y con una oquedad característica en su base, de nuevo para aligerar la presión del contenido.

Los tamaños sí que importan

Estarás pensando que el tamaño normal es el de 75 centilitros y acertaste. Hay diversas teorías sobre el por qué de esta cantidad, algunas hacen referencia a las ventajas de su comercialización o a la cantidad exacta para mejorar el resultado. No obstante, la más popular se refiere a su consumo, ya que en una cena para dos o tres personas estas botellas supone la medida justa ¿estás de acuerdo?

Las más pequeñas de la familia son de entre 18 y 20 cl, llamadas Benjamín. Pero también tenemos de tres octavos o 37 cl que serían como la mitad de una normal y, finalmente, el Clavelín. Este último es el menos conocido por lo raro de ver y tiene en su interior 62 cl de vino.

Para tu sorpresa, por encima de esos 75 cl encontramos bastantes más tamaños, según lo numerosa que sea tu compañía:

– La siguiente en el ranking es de 1,5 litros, conocida como Mágnum

– Después nuevamente el doble, Jeroboam. Un nombre complicado de pronunciar si apuras los 3 litros de su interior.

– Jeroboam de 4,5 litros.

– Matusalem que contiene 6 litros o 6,4 según marcas. La botella Imperial también es de 6 litros.

– Salmanazar de unos 9.

– Baltasar de entre 12 y 12,8 litros.

– Nabucodonosor, con 15 o 16 litros.

– Y existe una última botella, de nombre Salomón que contiene nada menos que 18 litros de vino.

Por lo general, y esta creencia sí que es cierta, cuanto mayor es el tamaño de la botella, mejor evoluciona el vino y mayor es su tiempo de guarda. Esto es por dos motivos: el primero, porque el vino en contacto con el vidrio es menor en términos relativos; y el segundo, porque la entrada de oxígeno, también en términos relativos, es menor que en una botella pequeña, lo que otorga una mayor longevidad al vino. ¿Nuestra sugerencia para una gran comida familiar? Un Jeroboam de nuestro Finca Valdelayegua 2015. 93 puntos Suckling en el mejor tamaño posible para guardar y disfrutar en una ocasión especial

Como puedes ver, nada se hace al azar y las opciones en botellas para vino también pueden contar una buena historia.

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