¿Qué es un vino joven?

Cuando se habla de vinos y se trata de ensalzar las virtudes de éstos, a menudo se recurren a palabras como crianza, reserva, guarda o envejecimiento como si éstas fueran sinónimas de calidad. Ello ha hecho que muchas veces se haya degradado al vino joven a una bebida de menor relevancia. Nada más lejos de la realidad. En este artículo te vamos a explicar de una forma sencilla en qué consiste un vino joven, así como algunas de sus virtudes y particularidades para que puedas disfrutar del mismo durante este verano.

La definición de lo que es un vino joven

Por vino joven entendemos a aquel que, como norma general, no ha tenido un proceso de crianza o envejecimiento tras la fermentación alcohólica y/o maloláctica, fundamentalmente en barrica, pero también puede ser en depósitos de hormigón, así como en tinajas de barro. Es decir, son vinos que prácticamente, entre 2 y 4 meses después de la vendimia, se encuentran ya listos para su consumo. Es por ello por lo que tienden a ser vinos del año (si se han elaborado en el cono sur, donde la vendimia coincide con nuestra primavera) o del año inmediatamente anterior (fundamentalmente en el hemisferio norte, dónde vendimiamos entre septiembre y octubre).

Debido a este proceso de elaboración tan corto, los vinos jóvenes son los más afrutados por excelencia, mostrando en mayor medida las particularidades y bondades de cada tipo de uva de los que están compuestos. Pero lo interesante, es que las características de estos vinos no sólo están relacionadas con una manera de elaboración, sino también con el proceso de selección de la uva.

Hagamos una analogía muy sencilla entre las personas y el vino. No es lo mismo preparar nuestro cuerpo para salir a dar un paseo cortito por el parque cada mañana que para correr una maratón. Lo mismo pasa con el vino. Uno vino joven ha sido conceptuado para ser bebido en un período de tiempo relativamente corto, por lo que debemos darle en consecuencia una estructura adecuada. La musculatura y el esqueleto del vino se encuentran en unos componentes llamados taninos y antocianos, ubicados en la piel y en la pepita de la uva. Cuantos más taninos y antocianos tenga el vino, mayor capacidad de guarda. Por lo tanto, para hacer un vino joven, necesitaremos uvas con menor carga tánica para que el vino sea suave y bebible casi desde el primer día. ¿Y de dónde vienen esas uvas? Fundamentalmente de viñedos jóvenes, pero también se pueden elaborar a partir de cepas más antiguas si cuidamos el proceso de elaboración.

Efectivamente, el proceso de fermentación y elaboración de un vino joven también difiere del de otros vinos. La consecución de esta musculatura y esqueleto del vino se hace a través de un proceso de extracción que se realiza macerando el mosto de la uva, con la piel y las pepitas durante el proceso de fermentación alcohólica. Los vinos jóvenes necesitan fermentar con temperaturas más bajas, macerar durante menos tiempo e incluso hacerlo durante la fase acuosa del vino (cuando hay más azúcar que alcohol en la fermentación) para extraer todo el aroma y sabor de la uva, pero también evitando extraer más taninos de los necesarios. De esta forma logramos a la par, un vino agradable, fresco y frutal.

¿Durante cuánto tiempo puede consumirse un vino joven?

No sería aconsejable consumir una botella con más de cinco años, pero como todo en esta vida, depende de más factores. Por un lado, la zona de elaboración. Los vinos jóvenes procedentes de denominaciones de origen más frías tienden a ser más longevos, mientras que los procedentes de regiones más cálidas, por el contrario, tienden a tener una evolución más rápida. También del tipo de uva. La garnacha, por ejemplo, ofrece vinos jóvenes maravillosos, pero también tiene una capacidad oxidativa mayor que el Tempranillo, por ejemplo. Es importante subrayar que el que consume este tipo de vino desea tener una experiencia distinta, paladear los sabores frutales. No busca un vino con cuerpo o con un sabor demasiado potente, por lo que si tardamos en consumirlo, es posible que nos encontremos con unas sensaciones diferentes a las que se pretendían cuando el vino fue lanzado al mercado.

¿Cómo puede reconocerse un vino joven por su color?

Dependiendo del tipo de vino podrás reconocerlos gracias a estos factores:

 Vinos blancos. Presentan uno tono llamado Amarillo Verdoso o Amarillo Pajizo. Suelen ser brillantes y casi transparentes. Cuando el vino evoluciona es cuando aparecen notas más doradas típicas de los vinos envejecidos en barrica.

 Vinos tintos. El vino tinto tiene tres colores, azul, rojo y amarillo. El color rojo permanece constante durante toda la vida del caldo, pero cuando el vino es joven, el azul se impone al amarillo. Durante la evolución en botella, el amarillo irá ganando peso al azul, y es por ello por lo que los vinos pasan de rojo violáceo a rojo teja o anaranjado con el mero paso del tiempo. Por lo tanto, el color típico de un vino tinto joven es más bien violáceo.

– Vinos Rosados. Los vinos rosados jóvenes suelen presentar un color rosado fresa, intenso o pálido, pero siempre brillante, dejando los tonos piel de cebolla para vinos más evolucionados.

El sabor y los aromas, dos aspectos imprescindibles

Como te venimos exponiendo, un buen vino joven sabe al tipo de uva del que está hecho. Es lo más similar a un mosto ligero, aunque con un toque de alcohol muy adecuado que facilita ese regusto nasal que aumenta las sensaciones. Así, los vinos tintos recordarán a fruta roja y negra fresca (fresa, frambuesa, cerezas, ciruelas, etc.), a flores (violetas fundamentalmente) e incluso podrían tener ciertos toques golosos en boca y nariz, recordando a piruleta o finas mermeladas.

Los vinos blancos, por su parte, podrán recordar a fruta blanca o de hueso (manzanas, peras o melocotones y albaricoques), flores (rosas, jazmines, etc.), presentando incluso notas más herbáceas o vegetales. En boca destacarán por su frescura, con una acidez más marcada.

Los rosados tienden a mostrar aromas más bien de fruta roja, también florales, pero sobre todo destacan por su golosidad, presentando, a menudo, notas de caramelo.

¿Por qué el vino joven ha sido tan maltratado?

Si bien los vinos calificados como Reserva son verdaderas obras de arte, esto no significa que los vinos jóvenes no tengan también su personalidad. Para muchos, se trata de un mosto con alcohol y poco más. Podemos entender que, en muchos casos, se eche de menos el sabor a madera, pero de ahí a opinar que un vino joven es de segunda categoría va una gran diferencia. Los vinos jóvenes no muestran la complejidad de los aromas terciarios típicos de la crianza en barrica, pero por el contrario tienden a expresar el terruño de una forma mucho más nítida, permitiendo apreciar mejor las diferencias entre distintos tipos de suelos, climas y regiones.

¿Existen vinos jóvenes con crianza?

Existe un caso en el mundo del vino dónde las bondades del vino joven y la crianza se dan la mano. Se trata de los llamados vinos “Roble”, cuyo origen se ubica en la Ribera del Duero y más concretamente en PRADOREY, la bodega que inventó en 1.997 este tipo de vino joven.

Debido al clima extremo de la Ribera del Duero, nuestro equipo de enólogos intuyó que una breve estancia en barrica podría afinar este vino joven para que, sin perder su fruta y frescura, mostrase una mayor finura y facilidad de trago. Aquello fue un gran éxito que cambió la historia de la Ribera del Duero para siempre, por cuanto permitió a esta denominación de origen popularizarse y llegar a todos los rincones de España. Hoy Ribera del Duero parece un caso de éxito, pero allá en 1.997 había sólo 85 bodegas frente a las casi 300 de la actualidad.

Sin embargo, lo que comenzó siendo una manera de mejorar un vino joven en una región dónde este tipo de caldos tendían a ser bastante astringentes, derivó en un tipo de producto con una barrica muy marcada, perdiéndose la esencia de lo que era el concepto Roble. Es por ello por lo que en el año 2.015 PRADOREY rebautizó este vino llamándole PRADOREY Origen Roble, recuperando las esencias que enamoraron a los bebedores de Ribera del Duero en su día. Así, nuestro Roble vuelve a ser ese vino pleno de fruta y aromas florales que dejan presente el origen de la uva que lo compone. Los 91 puntos que la Guía Peñín ha dado a nuestro 2017 refrenda que la apuesta por volver a nuestras raíces fue todo un éxito. ¿Te lo vas a perder?

Esperamos haber conseguido ayudarte a cambiar tu opinión sobre este producto natural. Quizá, ahora veas con otros ojos, mucho más benévolos, la posibilidad de comprar una botella, abrirla, servirte una copa y comenzar a apreciar los múltiples matices que hacen del vino joven una bebida única y llena de personalidad.

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