¿Por qué las añadas son tan diferentes cada año?

Nos pasa muy a menudo, casi incluso en todas las visitas. Muchos de los amigos que vienen a conocernos suelen hacernos dos preguntas de forma inequívoca: una versa siempre sobre el mejor momento para beberse un vino, cuándo alcanzará su punto óptimo, en definitiva. Y la segunda, acerca de qué cosecha es la mejor, sobre aquello que realmente hace que una añada sea mejor que otra.
Nos permitiréis que comencemos respondiendo a ambas preguntas como Jarabe de Palo, acuñando su célebre “depende”. En primer lugar, la ubicación del viñedo, es decir, su ubicación geográfica, ya contextualiza de forma notable la longevidad del vino. Tanto por el clima como por el suelo. Así, por ejemplo, Rioja es una región más cercana al mar que Ribera del Duero y, por lo tanto, con temperaturas suavizadas por el Atlántico, pero la composición de su suelo determina unos niveles de acidez más altos que la región castellana. De igual forma, Burdeos, en este caso por su pluviometría y sus menores horas de sol, presenta también una acidez más marcada que otras regiones que la citada Ribera del Duero. Ello hace que, como norma general, los vinos elaborados en este tipo de regiones, sean más longevos y con mayor capacidad de guarda. Ahora bien, las características de cada añada, determinarán cuánto de más longevos pueden ser. Y como norma general, los vinos jóvenes de estas regiones son frescos, pero les falta frutosidad. Lo vinos mediterráneos, los de zonas como Jumilla, por poner un ejemplo, tienen una acidez más baja, tienen menor capacidad de guarda, pero a su vez presentan una golosidad que los hace irresistibles. De nuevo, puede haber añadas mejores o peores, pero el contexto viene dado por la propia situación de la región murciana.
¿Y qué pasa con Ribera del Duero? Pues que, al tener un clima continental, tiene un poco del Atlántico y del Mediterráneo en lo que a estilo de vinos se refiere. Aquellos veranos más calurosos, los vinos de Ribera presentan menor acidez y mayor golosidad, siendo cosechas más propicias para vinos jóvenes y crianzas más cortas, mientras que aquellas que presentan temperaturas más moderadas suelen ser más propicias para envejecimientos un poco más largas.
¿Por qué se produce todo esto, por qué es así? Bueno, aquí comenzamos a contestar la segunda pregunta que nos hacen nuestros visitantes. La palabra clave es equilibrio entre dos maduraciones que se dan en la uva: la alcohólica y la fenólica. La primera está relacionada con los gramos de azúcar que tiene la uva y que luego, durante la fermentación alcohólica, se transformarán en grados de alcohol. La segunda tiene que ver con los hollejos y las pepitas, dónde se ubican los taninos y los antocianos, responsables del color, aromas y buena parte de los sabores del vino, y a los que, para no liarnos, los consideraremos, junto con la acidez, la musculatura y el esqueleto del vino.
Centrémonos en la Ribera del Duero. Los veranos excesivamente calurosos suelen tener como problema que la madurez alcohólica suele llegar antes que la madurez fenólica, dando lugar a vinos que, a menudo, son golosos, fáciles de beber cuando son jóvenes, pero que tienden a envejecer peor, por cuanto su “musculatura” y su “esqueleto” no se han llegado a formar del todo. Si intentásemos hacer un Reserva o un Gran Reserva en una añada de este tipo, es probable que la decepción fuera mayúscula, por cuanto nunca envejecerán con la elegancia que uno espera de un caldo de este porte. Se dice entonces que son añadas mediterráneas en la Ribera del Duero, y sus ciclos suelen durar muy poco, por cuanto la planta en muy poquitos meses será capaz de madurar la uva.
Por el contrario, añadas frías, con mucha lluvia durante la época de vendimia, incluso con una helada en septiembre, da lugar a uvas que nunca llegan a madurar ni en grado, ni en taninos y antocianos, dando lugar a añadas que, ni envejecerán bien, sin darán lugar a vinos frutosos dentro de la categoría de vino joven o roble. En añadas complicadas y frías, juega un papel clave la viticultura. Estas añadas son las llamadas Atlánticas
Ahora bien, cuando en Ribera del Duero se da el equilibrio, y se dan veranos donde la temperatura no pasa de 30 grados la mayor parte del mismo, con noches frescas, de esas de ponerse un jersey, la maduración de la uva avanza de forma lenta y paulatina, logrando un nivel de taninos y antocianos apropiado a un grado de alcohol óptimo. Esas son las añadas históricas, las que dan lugar a vinos extraordinarios. Ocurre que, en un clima tan extremo como el de la Ribera del Duero, esto no siempre se da. Es por ello por lo que el trabajo en el viñedo resulta tan crítico. A veces para alcanzar el equilibrio es necesario tirar uva durante el período de maduración de la uva. Esa decisión tan dolorosa a menudo resulta crítico para que, incluso en las añadas difíciles, puedas hacer un buen vino ayudando de esta forma a la planta a madurar.

¿Y en lo que respecta a PRADOREY, qué, nos dirás? ¿Y al resto de la Ribera del Duero? Te contamos ahora unas ideas al respecto de cómo han sido las cosechas desde 1.996, año en el que elaboramos nuestro primer vino. Este post va a ser casi por fascículos. ¡Esperemos que te guste! (¡y que puedas marcarte un tanto en tu próxima reunión familiar!):

¿Cómo fue la añada ….?

Añada 2017

Para PRADOREY se trata de una cosecha histórica. Hasta la fecha, la de más calidad del siglo XXI. Una terrible helada a finales de abril hizo que se perdiera el 70% de la cosecha en nuestra finca Real Sitio de Ventosilla, así como un 60% de media en el conjunto de la Ribera del Duero. Sin embargo, la climatología de los meses siguientes fue muy buena, lo que hizo que los poquitos kilos que albergaban nuestras cepas alcanzasen una calidad fuera de lo común. La cosecha 2017 tiene una mezcla perfecta: la uva permite hacer vinos jóvenes con mucha frutosidad y golosidad, pero también, fruto de una vendimia en su punto óptimo, una capacidad de guarda sin parangón. De momento ha salido al mercado nuestro PRADOREY Roble 2017 (91 puntos Peñín) y nuestro PRADOREY Rosado Fermentado en Barrica 2017 (90 puntos Peñín). Descansan en nuestras barricas y tinajas esperando su momento los vinos de nuestras fincas (Valdelayegua, La Mina y Real Sitio), el de la familia (Adaro), nuestros vinos de Autor (Élite y Buen Alfarero) y nuestro irreverente El Cuentista 2017. También alguna sorpresa, pero para que te la comentemos, tendrás que esperar. ¿Sabes que es la cuarta vez que se elabora Gran Reserva en nuestros casi 30 años? Histórica en PRADOREY, irregular en el resto de la región, donde convivirán vinazos de esta añada, con otros caldos menos expresivos. Entendemos que nuestros vinos de guarda se mantendrán en plena forma hasta 2060 – 2070.

Añada 2016

Fue una cosecha fresca y muy interesante, dónde tuvimos un anómalo caluroso mes de octubre frente a un verano frío, lo cual permitió que la uva terminase de madurar correctamente. Ya has probado El Buen Alfarero (nominado a vino revelación en la Guía Peñín), nuestro PRADOREY Roble, así como nuestros Lía y Rosado Fermentado en Barrica. Por el camino están nuestro Finca Valdelayegua, Fina la Mina, Adaro y Élite. No fue una añada para hacer un Gran Reserva, pero lo que viene te sorprenderá, por cuanto nuestros vinos inciden en el cambio iniciado en 2015. Muy buena en general para toda la Ribera del Duero. Debido a los cambios en la gestión del viñedo, esperamos que estos vinos estén en plena forma hasta 2030 – 2040.

Añada 2015

Una helada en el mes de junio condicionó el inicio del ciclo, aunque sus efectos no fueron, ni de lejos, los de la cosecha 2017. Después vino la terrible ola de calor que se mantuvo prácticamente durante todo el verano. La vendimia, en consecuencia, fue pronto y la madurez de la uva un tanto excesiva. Ahora mismo puedes disfrutar de nuestro Finca Valdelayegua (93 Suckling), nuestro Adaro 2015 (94 Suckling) y nuestro Cuentista 2015 (90 puntos Wine Spectator). En unos meses verán la luz el Élite 2015 y nuestro Finca la Mina. Añada notable en toda la región, pero con menor capacidad de guarda que otras cosechas más atlánticas. Nuestros vinos aguantarán bien hasta 2025 – 2030.

Añada 2014

Fue una cosecha anómala. Las nevadas y las intensísimas lluvias durante todo el invierno y la primavera, dieron como resultado una cosecha con muchos más kilos de lo habitual en toda la Ribera del Duero. En vendimias, hubo algunas bodegas que decidimos arrancar pronto y evitamos buena parte de las persistentes lluvias de aquella vendimia. Otros, sin embargo, se vieron sorprendidos por un agua que parecía no iba a parar nunca. Cosecha muy buena para PRADOREY, como nuestros PRADOREY Élite 2014 (95 Decanter; 94 Peñín) y Finca la Mina 2014 (92 Peñín, 90 Suckling) atestiguan, pero difícil e irregular en la región. Los vinos de esta añada envejecerán bien, siendo tanto nuestro Élite como nuestro Finca la Mina apto para su consumo hasta 2025 – 2035 sin ningún problema.

Añada 2013

De las añadas más difíciles que se recuerdan en la región. Un verano frío, seguido de unas lluvias intensísimas durante el mes de septiembre, hizo que la vendimia tuviera que realizarse sin estar buena parte de la uva madura. Algunas bodegas lograron hacer vinos muy buenos gracias a un buen trabajo de viñedo durante el verano. En nuestro caso estamos muy orgullosos de los 90 puntos Peñín de nuestro Finca Valdelayegua en un año tan complejo como aquel. Fijaos como tuvo que ser, que no se elaboraron ninguno de nuestros vinos más representativos de gama alta. Añada muy complicada y con vinos poco longevos. Se recomienda consumirlos ya y hasta 2020 – 2025.

Añada 2012

Cosecha difícil de gestionar, con una primavera que arrancó fresca y alternó tormentas y fuertes calores después. Sequía durante la mayor parte del verano y unas complicadas lluvias en octubre que condicionaron la vendimia. Calidad discreta en líneas generales en toda la región. En PRADOREY estamos especialmente orgullosos de los 92 Puntos Peñín de nuestro Adaro 2012. En general, son vinos que ahora se encuentran en su mejor momento, y que aguantarán bien hasta 2025.

Añada 2011

Se trata de una añada excepcional en toda la región, pero sobre todo para hacer Crianzas y vinos jóvenes. El exceso de calor durante el período estival dio un puntito de excesiva maduración que no acompañaba tan bien largos envejecimientos. De aquella añada guardamos el maravilloso recuerdo que nos dejaron nuestro Adaro 2011 (93 puntos Peñín), nuestro Élite 2011 (94 puntos Peñín) y nuestro Finca Valdelayegua (92 Puntos Peñín). Son vinos que, pese a todo, aguantarán en plena forma hasta 2020 – 2025.

Añada 2010

Cosecha más bien de corte Atlántico, con verano más bien frío y una vendimia tardía, que dio lugar a excelentes vinos de guarda y unos vinos jóvenes, que, sin embargo, sufrían con poca botella. De aquella añada seguro que aún recuerdas nuestro Adaro (94 puntos Peñín), nuestro Élite (95 puntos Peñín) o nuestro Finca La Mina (91 puntos Peñín). Cualquiera de estos cuatro vinos se encuentra en una maravillosa madurez que aún perdurará, muy probablemente, hasta 2030. Excelente en toda la región.

Añada 2009

Una de las añadas por antonomasia de la historia de la Ribera del Duero. Con una maduración óptima, se trata de una de esas cosechas que son escandalosamente buenas para vinos de guarda, pero que también producen vinos jóvenes y de crianzas más cortas de una calidad excepcional. Nosotros sólo hemos conocido algo parecido en las añadas 1.999, 2.004 y la ya citada 2.017. Ahora mismo aún puedes disfrutar de nuestro Gran Reserva 2009 (91 Puntos Wine Spectator), el cual mejorará y se podrá beber, sin ninguna duda, hasta 2.050. En la memoria quedan nuestro PRADOREY Élite (94 Peñín y 92 Parker) o aquel mágico Adaro 2009, el primero que salió al mercado, que enamoró a Sumilleres de restaurantes con estrella Michelin de diferentes lugares europeos y que tuvo sus 93 puntos Peñín. Todo ello sin olvidarnos de nuestro Finca la Mina y sus 92 puntos Peñín y 91 Wine Spectator. Si encuentras algún 2.009, no dejes de pedirlo. Acertarás seguro. Añada histórica en toda la Ribera del Duero.

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